Distintos pero iguales.
Había
una vez, un perrito llamado Timoteo.
Él
era muy divertido, gracioso y le gustaba muchísimo jugar. Era un perrito
diferente al resto, había perdido su patita en un accidente.
Debido
a su perdida se sentía diferente a los demás, pero aquello no le impedía ser
activo y jugar, aunque a veces cuando se hacía de noche y quedaba solito, se
sentía bastante triste y solo.
Un
día, se encontró con un gatito, se llamaba Silvestre, era chiquito, con unos
ojos color verde, no le gustaba mucho jugar, pero, él también era diferente como
Timoteo, le faltaba su colita, también a causa de un accidente.
Ellos,
paseaban por todos lados, pero nadie quería acariciarlos, porque eran
distintos.
Un
día decidieron salir a dar un paseo por lugares los cuales no conocían.
En
su camino vieron a varias personas, varios perros, gatos, todos con sus familias,
acompañados de ellos.
Pasaron
por una plaza y notaron que una niña estaba sola, sentada en el pasto y se la veía
triste, preocupados decidieron acercarse.
Cuando
se estaban arrimando a ella, pudieron observar que no se veía interesada en
jugar con nadie más.
La
niña se alejaba de ellos, comenzaron a llevarle ramitas, piedritas, para poder jugar junto con ella.
En
un momento se quedaron a su lado haciéndole compañía, la niña se empezó a
sentir cómoda, y pasaron la tarde jugando junto los tres.
Al
anochecer la madre de la niña se acercó, sorprendida porque su hija, al tener Autismo
se haya animado a jugar y pasar el día con Timoteo y Silvestre, tomó la
decisión de llevárselos para poder darle sus cuidados necesarios en su hogar, y
que así formen parte de su familia.
https://drive.google.com/file/d/1sIMSgQv8vmVwDN4CrhHmE_NF5UxZWV6X/view?usp=drivesdk